9 de abril de 2009

La distancia
-tan familiar y, sin embargo, tan extraña-
de repente no se mide en x kilómetros,
ni tan siquiera en y días o z llamadas de teléfono;
si me apuras, ni en ausencias ni en espacios vacíos.

El no-espacio, los abrazos invertidos.
Las palabras que no brillan.
Una taza que se rompe.
Un velocímetro.

Eso es distancia.