(Después de leer el periódico local, un domingo cumpleaños en familia)
Volverán las tormentas de arena
las noches tremendas de ausencia
romperán las madrugadas el silencio
el otoño no es más que la mitad de un cielo entero;
ya no sé contar pestañas.
¿Cuántas páginas de vida nos hemos bebido?
¿Cuántas muertes, pequeñas y grandes
nos acechan esta tarde?
Volveré a correr desnuda por tus campos
con la guerra resonando en las montañas
y tres mil murciélagos vigilando un monasterio
para que no me pase nada;
ya no sé soñar sin balas.
¿Cuántos adoquines importados cubren la plaza?
¿Cuántos años de estremecimiento
nos esperan todavía en los mapamundis?
Volverás a tu ventana de estraperlo
a vigilar la hipocresía del vecindario
y mi amor que llora impune en el trastero
esperando a que volvamos a estrellarnos;
ya no sé contar mi historia
sin mancharme de tinta las manos.
Ya no sé explicar los verbos.